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De hecho, comenzó a celebrarse en 1978, a muy pequeña escala. Con el paso de los años, se ha convertido en un desfile espectacular con hermosas vestimentas. Aunque celebra hechos históricos, el evento es más una excusa para otra celebración y una atracción turística.
Para conocer los verdaderos orígenes de esta fiesta hay que remontarse a Alcoy en el año 1276 y a la figura de Al-Azraq, un visir musulmàn. Pero antes, para situarnos, he aquí una brevísima historia d´Al-Andalus. A partir del siglo VII, el imperio islámico, con capital en Damasco, se extendió rápidamente por el norte de África. El califato omeya trató de expandirse hacia Europa y, en el año 711 d.C., Tariq ibn Ziyad cruzó a lo que hoy es Gibraltar. (Por cierto, el nombre que le dieron los árabes fue *Jabal Tariq* (Monte de Tariq), en honor de este comandante conquistador, que más tarde se pronunció como Gibraltar). El acontecimiento clave para la conquista del reino cristiano visigodo fue la victoria en la batalla de Guadalete (711). Después de esto, las fuerzas musulmanas se expandieron rápidamente por la península Ibérica. En el año 719, casi toda la península estaba bajo su control. Sólo una pequeña franja del norte no llegó a ser conquistada. Establecieron Al-Andalus como provincia del califato omeya, con Córdoba como capital. Cuando los omeyas fueron derrocados por los abbasíes en Damasco en 756, huyeron a su provincia de Al-Andalus y rompieron los lazos con Damasco para convertirse en un emirato independiente. Abd-al-Rahman se convirtió en el primer emir de Córdoba. Casi 200 años después fue declarado califato. Con unos gobernantes omeyas débiles en el siglo XI, el califato se derrumbó en 1031, dando paso a muchos reinos independientes -taifas- gobernados por señores locales, cada uno compitiendo por el poder. Esto facilitó que los pequeños reinos cristianos del norte reclamaran tierras y poco a poco, a lo largo de un siglo, se desplazaron hacia el sur. Los almorávides bereberes de Marruecos intentaron unir los reinos musulmanes. Su decisiva derrota de las fuerzas castellanas en la batalla de Zallaqa (Sagrajas) en 1086 consolidó su control del sur de Iberia y detuvo el avance cristiano durante un tiempo. Pero el descontento musulmán acabó provocando la caída de los almorávides y otra poderosa dinastía norteafricana, los almohades (1147-1212), más puritanos, consiguieron durante un tiempo unir a las fuerzas musulmanas contra los cristianos. La dinastía nazarí (1212-1492) fue la última dinastía musulmana que gobernó en Al-Andalus. Establecieron el emirato de Granada en 1238 y se vieron rodeados por territorios reconquistados por las fuerzas cristianas. Sólo sobrevivieron gracias a las negociaciones diplomáticas y a un sistema de pago de tributos. También existían otros pequeños reinos y valiatos musulmanes dependientes de Granada. La caída de Granada el 2 de enero de 1492 marcó el fin del dominio musulmán en la península. Volvamos ahora a al-Azraq. Se llamaba Abu Abd Allah Muhammed ibn Hudhayl, el azul, como sugiere su apodo al-Azraq, en referencia a sus ojos azules o tal vez a su turbante. No sabemos demasiado sobre él. Gran parte de lo que sabemos procede de la crónica «El Llibre dels Fets», escrita por su vencedor, Jaime I de Aragón. Se cree que nació entre 1218 y 1220. Pudo proceder de la familia Hud, vinculada al reino de Murcia, o de la línea yemenita de Hudayl, establecida en Orihuela. Probablemente nació en el castillo de al-Qal'a (fortaleza/castillo en árabe), residencia de su padre, visir del pequeño valiato de la montaña de Valencia. Las ruinas del castillo aún pueden verse cerca de Alcalà de la Jovada, un pueblo que entonces no existía. Tras la muerte de su padre en 1230 se convirtió en visir. Mantuvo buenas relaciones tanto con los gobernantes musulmanes como con los cristianos, pero cuando los líderes cristianos cometieron injusticias masivas contra la población musulmana, fue un valiente líder de la revuelta al tener mucha experiencia militar. En 1244, cuando Denia y Xàtiva cayeron en manos de los cristianos, se hizo aún más dependiente de los tratados con el enemigo, aunque éstos siempre le perjudicaron. Con los ejércitos feudales de Jaime I conquistando territorio musulmán a marchas forzadas, al-Azraq se vio obligado a firmar un pacto (Pacto del Pouet) en 1244, quizá para ganar tiempo y obtener ayuda del emir de Túnez o de Granada. Era un pacto por 3 años, tras los cuales debía renunciar a todo su territorio, excepto a los castillos de al-Qal'a y Perpuxent. Posiblemente provocado por sus enemigos, rompió el pacto hacia el final y resistió en las montañas de Valencia durante los 14 años siguientes, esperando aún la ayuda de sus aliados, ayuda que nunca llegó. Parece que uno de sus consejeros le traicionó en 1258, lo que provocó su captura y posterior exilio. Probablemente fue a Granada, donde el emir era pariente suyo. Nada se sabe de él durante los 18 años siguientes, hasta 1276, cuando regresó para liderar de nuevo las rebeliones que desde hacía tiempo asolaban las montañas. Durante su exilio, su pueblo sufrió muchas injusticias: confiscación arbitraria de bienes, desventajas fiscales, persecuciones, saqueos, secuestros. Esto dio lugar a las rebeliones, alimentadas sin duda por la victoria de las tropas musulmanas de Granada y sus aliados meriníes sobre los ejércitos castellanos en la batalla de Écija (1275). Con 250 jinetes y 1.200 hombres a pie, a los que se unieron cientos de lugareños, al-Azraq marchó a atacar Alcoy en mayo de 1276. Durante la batalla, frente a las murallas de la ciudad, al-Azraq fue herido de muerte. Con su muerte, la rebelión perdió su impulso. Para los alcoyanos fue motivo de gran celebración. La fiesta tiene una larga tradición en esta ciudad, aunque de forma diferente a la que conocemos hoy. Comenzó a tomar su forma actual en los siglos XV y XVI. Esta fiesta fue declarada de Interés Turístico Internacional por el gobierno español en 1980 y se ha convertido en un referente para muchos otros pueblos de nuestra comarca, entre ellos Xàbia. Aquí se celebra el tercer fin de semana de julio y dura 9 días. Se trata de una cita ineludible en el calendario festivo del municipio. Una experiencia espectacular para vecinos y turistas. AL-AZRAQ El visir que soñaba la Montaña de Just I. Sellés
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